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Como tendencia de fin de siglo sigue en pie
la vuelta a lo natural, por lo que cada día
cobran más vigencia los tratamientos que
rescatan el potencial de la naturaleza para
tratar muchas enfermedades y favorecer el
equilibrio general del organismo. En este
sentido, las terapias con aguas termales se
perfilan como una
ayuda de primer orden, bien sea para mitigar
los dolores del reumatismo, combatir el
estrés o como gozo meramente estético.
Los baños termales tienen como origen un
manantial por el que brota agua caliente
durante todo el año y cuya temperatura es
bastante superior a la atmosférica por
provenir del subsuelo.
Estas aguas contienen diversas sustancias
minerales y desde siglos inmemorables se les
atribuyen propiedades medicinales.
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