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Su territorio se presenta
de forma muy irregular, y cuyo relieve está dominado por
la Puna de Atacama, elevada meseta de altura media,
superior a los 3.500 metros sobre el nivel del mar, que
conforma el ambiente de una penillanura.
El norte y el oeste del territorio jujeño forman parte
del relieve amesetado de la Puna. Las sierras de Santa
Victoria, en la frontera con la provincia de Salta, y
del Aguilar marcan el extremo oriental de esta abovedada
y árida extensión, cuya altura media es de 3.500 m. En
ella se destacan diversos relieves, como las sierras de
Cochinoca o de Incahuasi, y regiones más bajas, donde se
encuentran el salar de Cauchari o las lagunas de
Guayatayoc o Pozuelos.
Al oeste se levantan el Nevado de San Pedro y los cerros
Tinte, Negro, Zapaleri y Vilama, todos ellos de más de
5.000 m de altura. Los cordones montañosos, que
tradicionalmente constituyeron un obstáculo para el
avance humano, encierra numerosos valles y quebradas que
han facilitado el asentameito de la población.
Los valles -amplios y rellenos de material sedimentaio-
cobijan a las ciudades que progresan gracias a las
posibilidades de comunicación que brindan las quebradas.
Entre éstas, la más famosa es la quebrada de Humahuaca,
que nace a 3.500 m de altura y desciende hasta 1.200 m
hacia el sur: un gradiente de 2.300 m en poco más de 130
Km.
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