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Mil años antes que los portugueses llegaran
a Brasil, tribus indígenas de los Tamoios y
los Goitacases ya vivían en la región de
Búzios. Favorecidos por el poco control de
las costas brasileras por parte de Portugal
y por un litoral con innumerables ensenadas
y puertos naturales, piratas franceses,
ingleses y holandeses desarrollaron una
intensa actividad en el área.
En 1555, Francia, con la invasión de Rio de
Janeiro estableció la llamada Francia
Antártica. Estableciendo una buena relación
con los indígenas de la región, los
franceses se apoderaron de la península y
construyeron defensas y lugares de
almacenamiento de madera, principalmente el
Pau-Brasil.
En 1575, el entonces gobernador D. Antonio
Salema retornó a la región, masacró a los
indios y retomó el control de la zona. Sin
embargo esta situación fue temporaria ya que
los franceses, con el auxilio de los indios
Tamoios, la volvieron a ocupar.
Recién en 1615 los portugueses, con el apoyo
de los indios Araribóia y después de una
serie de combates, consiguieron expulsar
definitivamente a los franceses.
Con el fin de las actividades de
exportación, la región se limitó a la pesca
que acabó constituyéndose en su única fuente
de ingresos.
Al final de los años 50, José Bento Ribeiro
Dantas llega a Búzios siendo considerado
desde entonces el mayor benefactor de la
ciudad. La alta sociedad carioca empieza a
frecuentar Búzios, atraída por la increíble
belleza y por la privacidad de esta pequeña
aldea de pescadores. En 1964, invitada por
su entonces novio brasilero Bob Zagury,
Brigitte Bardot - la más famosa artista de
cine de la época - redescubre en Búzios la
vida y la alegría de vivir, encontrando un
refugio a persecuciones de periodistas y
fotógrafos tan o más insistentes que los que
provocarían, más de 30 años después, la
muerte de la princesa Diana.
Búzios se torna entonces en un resort
famoso, atrayendo la atención de todo Brasil
y de los demás países del Cono Sur, Estados
Unidos y Europa.
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